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El gusto del agua del grifo

Dos factores determinan el gusto del agua del grifo: su origen y el nivel de cloro presente. Sí, cloro, una sustancia que popularmente no goza de buena imagen. Pero la realidad es otra, pues el cloro se considera, junto a la penicilina, el producto que más vidas ha salvado durante el siglo xx.

Abrir un grifo de tu hogar y poder beber agua sin ningún tipo de riesgo es un privilegio: no todo el mundo tiene esa suerte. Agua que, además, tiene un gusto y un olor cada vez mejores, gracias a técnicas muy avanzadas de tratamiento, como la ósmosis inversa que aplicamos en la planta depuradora.

El origen del agua es un factor determinante en su sabor, ya que el terreno por el que circula un río tiene unas características minerales particulares. Lo que confiere en gran medida gusto y olor al agua del grifo son las sales minerales naturales y otros nutrientes que contiene.

El agua que procede del río Llobregat tiene una mineralización elevada, que adquiere dado su recorrido por una cuenca salina. La sal, como potenciador natural del sabor, realza el gusto a cloro. En cambio, el agua procedente de la cuenca del río Ter tiene una concentración salina moderada, y es rica en calcio y bicarbonatos, sustancias más agradables al gusto.

Sea cual sea su composición, el agua para consumir siempre debe ser clorada. De hecho, la cloración es un gran aliado de la salud pública. Su capacidad para eliminar bacterias y otros microorganismos ha contribuido a prevenir y erradicar multitud de enfermedades de transmisión hídrica. En consecuencia, el sabor a cloro debería percibirse como un signo de calidad.

En caso de que quieras mejorar el gusto y el olor de tu agua, te recomendamos que recién salida del grifo la pongas en una jarra de cristal abierta, la dejes reposar una media hora para que el cloro se evapore y luego la metas en la nevera. El hecho de enfriar el agua hace que se reduzcan el olor y el gusto a cloro. Otro truco es echarle unas gotas de limón; ayudarán a eliminar el cloro.