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Nuestras instalaciones, refugio de la biodiversidad

¿Qué puede hacer por la diversidad una compañía que gestiona el ciclo del agua, con infraestructuras y una actividad que puede incidir en los ecosistemas naturales? La respuesta es mucho.

Según el último informe de la ONU, actualmente hay 1 millón de especies en riesgo de extinción. Si tenemos en cuenta que se calcula que existen 8,7 millones de especies en el planeta, podemos captar la gravedad de la situación. De hecho, los expertos alertan de que muchas de las especies desaparecerán antes de que sean identificadas. La pérdida de biodiversidad tendrá efectos radicales en la calidad de vida de las personas. Es por ello que la protección de la biosfera —agua, ecosistemas terrestres y acuáticos y la acción climática— es una de las prioridades de los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

En Cataluña, en los últimos 14 años, se han reducido un 22% las poblaciones de 258 vertebrados e invertebrados. Según SEO/Birdlife, hay 51 especies de aves en situación de desprotección total, mientras que, según el “Catálogo de flora amenazada de Cataluña”, hay más de 180 especies de flora en peligro o vulnerables. Además, encontramos 177 especies invasoras que amenazan las autóctonas.

Con una superficie forestal cada vez mayor —del 36% en 1975 al 51% actual— peligran especies de aves e insectos que tienen como hábitat natural los espacios abiertos y no los bosques. Aves como el alcaudón (Lanius meridionalis) y la mariposa cervantes (Erynnis tages) se encuentran en esta situación.

Convertimos las infraestructuras grises en infraestructuras verdes

¿Qué puede hacer por la diversidad una compañía que gestiona el ciclo del agua, con infraestructuras y una actividad que puede incidir en los ecosistemas naturales? La respuesta es mucho. Y es precisamente naturalizando nuestras instalaciones como lo conseguimos. Trabajamos con la naturaleza y no de espaldas a ella. Las infraestructuras para potabilizar agua y depurarla una vez utilizada son muy grandes, y generalmente se encuentran en entornos naturales y cerca de masas de agua. Y sabemos que, si usamos procesos naturales para gestionar las zonas verdes, conseguiremos simplificar su mantenimiento y que sean el hogar de muchas especies.

Con la gestión de las zonas verdes siguiendo normativa europea, española y catalana, buscamos preservar la biodiversidad con la implementación de una serie de técnicas que son bien simples. A pesar de su sencillez, el plan está muy bien diseñado y pensado. Hemos hecho diagnósticos de situaciones de partida, hemos analizado la flora y fauna autóctonas, y formamos a los trabajadores y trabajadoras.

Recientemente, hemos impartido un curso en gestión de zonas verdes de forma ecológica a los responsables de estas tareas. Toda una revolución, ya que hay que cambiar formas de hacer. Allí donde antes perseguíamos un césped pulido y bien rasurado, ahora promovemos la creación de praderas y espacios de hierbas autóctonas que atraen aves, insectos, pequeños vertebrados e invertebrados. ¡Las mal llamadas ‘malas hierbas’ al poder!

En el curso, hemos dado herramientas de cómo tratar plagas de forma biológica, cuáles son las alternativas a herbicidas como el glifosato, cómo usar la vegetación natural para hacer cierres y cómo crear espacios que atraigan insectos polinizadores.

Un ejemplo es el Jardín de Mariposas de la ETAP de Sant Joan Despí, creado con estos criterios y donde hemos seleccionado plantas que favorecen las especies de mariposas mediterráneas, que son de vital importancia para el parque agrario y que en la actualidad están en declive.